domingo, 13 de octubre de 2013

Le veo morderse el labio y me pregunto por qué su boca es tan adictiva. Me enredo en su pelo mientras me pregunto si será una simple ensoñación, o todo va más allá. Y te sientes vulnerable, desprotegido. Te olvidas de los riesgos y sigues. Te pierdes en los atardeceres de su mirada mientras le coges la mano y te juras a ti misma que no, que jamás te vas a enamorar. Y es justo entonces, cuando te planteas la realidad, cuando te das cuenta de que ya es tarde. Es tarde para recular sin que ninguna de las partes salga perdiendo. Pero no siempre se pierde, solo que somos la generación del ibuprofeno y no queremos sufrir nada.

Eh, y a la hora de decidir quedaos con esa persona que sepa sacaros una sonrisa y os dé esa ilusión diaria que necesitéis en cada momento.

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