Decir te quiero y no saber si te van a corresponder o te van
a arrancar las alas. O si debo arrancármelas yo por precaución. O arrancarle un beso y
dejar al tiempo decidir.
Distancia de cientos de kilómetros que ni noto, como si al
recordarlo todo me pareciera que seguimos allí, a escasos centímetros el uno
del otro. Pero claro, el miedo, las distancias reales y todo lo que queramos
interponer pesará más que mis labios en tu clavícula. O tus manos en mi cara
mientras me besabas con dulzura y cuidado sólo por haberte llamado romántico.
Hay cosas en la vida que no me gusta dejar escapar, pero no todo es posible
mientras no te quieras dejar atrapar. Aunque tal vez ya lo estés y ni siquiera
te estás dando cuenta.
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